Ucrania ha logrado una victoria estratégica significativa al llevar a cabo un "ataque de gran profundidad" contra la refinería de Omsk, la instalación de su tipo más grande en Rusia, ubicada a 2.500 km del frente de batalla. Utilizando drones avanzados FP-1, capaces de volar hasta 3.400 km, las fuerzas ucranianas lograron evadir las defensas rusas, incluyendo el caza Su-57, para atacar las unidades de craqueo críticas de la planta. Este ataque sigue el patrón de atacar la infraestructura energética de Rusia, incluyendo las refinerías de Yaroslavl y Ryazan, para exacerbar las crisis logísticas y la escasez de combustible. Mikhail Khodorkovsky advirtió que, si bien Rusia podría importar combustible, la presión logística y la posible escasez de diésel durante la temporada de cosecha representan riesgos graves. A medida que Ucrania continúa dominando el campo de batalla aéreo, el Kremlin enfrenta una creciente presión económica e inestabilidad interna debido a la degradación sistemática de sus capacidades de producción y distribución de petróleo.