Barcelona recibió al Papa Francisco con una gran expectación y júbilo, eclipsando un boicot convocado por sectores nacionalistas en respuesta a la polémica sobre el uso del catalán. A pesar de los llamados a manifestarse, la visita se desarrolló sin incidentes significativos y con una notable participación ciudadana. El plan de seguridad, denominado "Albus", implicó el despliegue de más de 7.000 policías para garantizar la protección del Pontífice durante su recorrido, que incluyó visitas a la Sagrada Familia y la cárcel de Brians. La visita también coincidió con protestas de profesores y varios incidentes de tiroteos en la región.