El artículo describe la crisis energética y sanitaria que atraviesa Cuba, destacando el impacto directo de los apagones prolongados y la escasez de combustible en la vida cotidiana. A través de testimonios de ciudadanos como Rosa María, Elvira y Alberto, se evidencia el regreso al uso de carbón y leña para cocinar debido a la inestabilidad eléctrica y la falta de gas licuado. Asimismo, se denuncia la carencia de insumos médicos básicos, obligando a pacientes a gestionar sus propios materiales quirúrgicos. En el ámbito sanitario, se resalta la labor crítica de enfermeras como Rujaine García Linares en la sala de Neonatología del hospital Mariana Grajales, quienes luchan contra la falta de recursos. Los afectados atribuyen estas penurias al bloqueo económico impuesto por el gobierno de Estados Unidos, reafirmando su voluntad de resistir.