Aunque en Colombia el voto en blanco en segunda vuelta no tiene efectos legales —a diferencia de la primera vuelta, donde su victoria obliga a repetir las votaciones con nuevos candidatos—, constituye una opción democrática para expresar descontento hacia las opciones finales o la falta de identificación con sus propuestas. Sin embargo, las disputadas elecciones de 2026 dejaron un dato histórico: el voto en blanco superó la diferencia de votos entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, los dos candidatos que pasaron al balotaje.