En Medellín, el fenómeno del “vaciamiento social” refleja cómo la población local no puede competir con precios internacionales, intensificando la gentrificación. Recientemente, una pareja de adultos mayores se suicidó desde el piso 22 del edificio Andalucía, en el barrio Boston, acorralada por deudas que los obligaron a vender su casa. Este caso ejemplifica la creciente sensación de que vivir en la ciudad es un acto de resistencia. El primer antecedente de gentrificación data de hace más de 100 años con El Chumbimbo, un barrio de artesanos borrado por la modernización. Hoy, los costos son insostenibles: croissants a $39.000, hamburguesas a $70.000 y arriendos de $5.000.000 por un apartamento de tres habitaciones.