El Papa León XIV sufrió un contratiempo técnico en el aeropuerto de Tenerife Norte cuando el avión de Iberia que debía trasladarlo a Roma presentó una avería en el motor. Tras un intento fallido de reiniciar el motor mediante una maniobra de remolque, la aerolínea confirmó que el problema no podía repararse inmediatamente. Ante esta situación, el rey Felipe VI cedió su propio avión, un Falcon de la Casa Real pilotado por el Ala 45 del Ejército del Aire, para asegurar el regreso del pontífice a Italia. Mientras el Papa despegaba, el monarca permaneció en la terminal esperando una aeronave militar alternativa para viajar a Madrid. Por su parte, la comitiva papal y los periodistas, compuesta por unas 80 personas, debieron esperar un nuevo vuelo de Iberia procedente de Madrid.