En lugar de forzar puertas o romper cerraduras, los delincuentes esperan que un residente, visita o repartidor abra el acceso y entran detrás sin identificarse. Una vez dentro, permanecen en el hall o espacios comunes simulando normalidad, observando si hay encomiendas, bicicletas u objetos de fácil sustracción en el primer piso. Cristian Maturana, CEO de Millacero, empresa de conserjería remota, señala que han detectado a una misma persona más de 10 veces intentando operar bajo este patrón. “No hay una puerta forzada ni una acción evidente al inicio: el delincuente espera el momento exacto, entra detrás de alguien y se instala en el hall como si estuviera esperando o hablando por teléfono”, explica.