Jorge G. Castañeda 01.04.2026

El autor argumenta que la tendencia a atribuir los problemas de política pública a una "mala comunicación" es una explicación simplista e insuficiente. Señala que, si bien la comunicación es un tema en el que todos se sienten expertos, la verdadera causa de los errores gubernamentales a menudo reside en fallas de fondo, como la incompetencia, la desidia, la improvisación o la falta de preparación. Como ejemplo, cita el derrame de crudo en el Golfo de México, donde el problema principal no fue la falta de información, sino los orígenes del desastre y la protección a Pemex. De manera similar, las "piernas al sol" de Claudia Sheinbaum se debieron a una falta de profesionalismo y sentido de Estado, no a un error de comunicación. El texto concluye que culpar a la comunicación es una salida fácil tanto para los críticos como para los gobernantes, y que es necesario identificar y corregir los errores de sustancia que subyacen a estas fallas.














