El sistema educativo chileno, que se expandió notablemente en las últimas décadas, enfrenta el desafío de un mercado laboral que no absorbe a todos los egresados universitarios. Un número creciente de jóvenes profesionales, especialmente mujeres y egresados de carreras humanistas, se encuentran en situación de subempleo (trabajos para los que están sobrecalificados o no relacionados con sus estudios) o desempleo ilustrado (desempleo de personas con educación superior). El subempleo ha aumentado un 45.4% desde 2022, y el desempleo entre titulados alcanzó un 8.6% en enero-marzo de 2026. Las causas incluyen un descalce entre la oferta formativa universitaria y las demandas del mercado laboral, la alta cobertura de acceso a la educación superior, la falta de experiencia práctica para recién egresados y la exigencia de especializaciones costosas no cubiertas por las universidades. Esta situación genera frustración y cuestionamientos sobre el valor de la educación superior.