El artículo analiza la paradoja geopolítica y económica del Estrecho de Ormuz, donde la amenaza iraní de interrumpir el tránsito marítimo, aunque presentada como un arma contra Occidente, termina beneficiando a Estados Unidos y a Argentina, mientras perjudica severamente a China. Irán, debilitado tras los golpes de Israel a sus proxies, ha recurrido a tácticas de bajo costo como minas y lanchas rápidas para aterrorizar las rutas, generando una prima de riesgo que reordena los flujos energéticos globales.