Marcelino Silva Santos, de 72 años, es un migrante caboverdeano que reside en Argentina desde 1975 y que esta semana viajó a su isla natal, Boa Vista, para visitar a su madre de 103 años. Allí vivirá el partido más importante de su vida: el duelo de dieciseisavos de final del Mundial entre Argentina y Cabo Verde. Con un tono entre divertido y provocador, le pide al capitán argentino: “Messi podría hacernos una gauchada y no hacer ningún gol, hizo muchos y Argentina ya salió campeón. A nosotros nos haría muy bien seguir en el Mundial”. Para él, el torneo ya es una victoria: visibiliza a su pequeña y pobre nación, que ayudó a liberar del colonialismo portugués en 1975.