La candidata presidencial Paloma Valencia, del Centro Democrático, ha generado controversia al forjar alianzas políticas sin restricciones con partidos tradicionales, una estrategia comparada con la de Gustavo Petro y Juan Manuel Santos. A pesar de declarar que los corruptos y violentos son vetados, su campaña ha incluido a políticos con graves cuestionamientos, lo que ha alarmado incluso a miembros de su propio partido y a rivales como Abelardo de la Espriella. El Partido de la U, el Conservador y, previsiblemente, el Liberal han manifestado su apoyo, trayendo consigo congresistas investigados por corrupción, como Wadith Manzur y Liliana Bitar por el escándalo de la UNGRD, y otros señalados de parapolítica o enriquecimiento ilícito. Estas adhesiones plantean un debate sobre la coherencia ideológica y la integridad en su camino hacia las elecciones de 2026.