El caso Sartor ha dejado una estela de víctimas que confiaron sus ahorros a la administradora y hoy enfrentan un futuro incierto. Paulina Flores, de 78 años, vendió su departamento e invirtió el dinero pensando en una jubilación cómoda, pero tras el colapso perdió décadas de trabajo y reconoce que el proceso judicial es tan lento que "no me queda vida para esperar". En su desesperación, llegó a evaluar una huelga de hambre frente a la vivienda de los directivos.